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lunes, 27 de noviembre de 2017

ORACIÓN PARA ENFERMOS MUY GRAVES, MORA CON NOSOTROS, SEÑOR


 
 
Oh Jesús, tú dijiste a tus apóstoles
y a nosotros todos en sus personas:
«morad conmigo, como yo en vosotros»
(Juan XV, 4).

Resuena otra vez en mis oídos,
voz suave y querida,
palabra encantadora de mi Salvador.

Sí, «quédate con nosotros, Señor,
porque el día baja y se hace ya tarde»
(Lucas XXIV, 29).

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Las olas de las tribulaciones
han subido hasta nosotros;
las alegrías del fervor
se han cambiado en suspiros,
y el soplo de las tentaciones
ha removido nuestra alma
hasta en sus íntimos pliegues.
 
«Quédate con nosotros»,
oh tú, paz, refugio y consuelo
de los corazones atribulados.
 
Nuestros ojos te imploran,
y nuestra alma alterada suspira por ti.
 
«Quédate con nosotros»,
no sea que nuestra caridad se entibie
y nuestra luz se extinga en la noche;
porque «el día baja y se hace ya tarde».

Ya ha llegado la tarde de mi vida:
ya mi cuerpo cede a la violencia de los dolores;
la muerte me cerca,
mi conciencia se turba,
tiemblo al pensamiento de tu juicio,
Señor, Señor.
 
«Se hace tarde, el día declina;
quédate con nosotros».
 
«En tus manos entrego mi espíritu
(Lucas XXIII, 46)».
 
En ti solo está mi salud;
hacia ti solo sé levantar mis miradas.
«Quédate con nosotros»,
a fin de que emancipándose el alma
en la tarde de la vida
por medio del fervor
del yugo de las tribulaciones,
le preparen la oración y el amor
una dulce hospitalidad en el seno de Dios.

Oh Jesús, vida de los vivos,
resurrección de los muertos,
salud eterna de los creyentes,
yo te adoro y pongo toda mi esperanza en Ti.
 
Por tu pasión, por tu muerte,
por tu sepulcro, resucita mi alma de la muerte.
 
(San Bernardo, en Tesoro de los Santos,
Dijón, 1826).
 
 

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