A precio vil por Judas, el Mesías,
es a los malos sin piedad vendido
y en él quiere el escriba corrompido,
sembrar una mortal acusación.
Mientras que urden la maligna trama
los príncipes y escribas de concierto,
en un sereno y solitario huerto
se halla Jesús en lúgubre oración.
Santiago, Juan y Pedro, le acompañan
a los que en su aflicción dice el Mesías:
los príncipes y escribas de concierto,
en un sereno y solitario huerto
se halla Jesús en lúgubre oración.
Santiago, Juan y Pedro, le acompañan
a los que en su aflicción dice el Mesías:
mi alma sufre mortales agonías
Padre este cáliz apartad de mí
si esto es posible, pero no se haga
mi voluntad ni lo que a mí me cuadre,
sino la tuya que se cumpla Padre,
la tuya sola si conviene así.
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