"Te constituyo heredera de mi Corazón
y de todos mis tesoros".
(Nuestro Señor a Santa Margarita María)
El mundo, al parecer, perdido estaba.
la sangre del divino Redentor,
sus méritos, sus penas, sacrificios,
las infinitas pruebas de su amor.
Todo se desprecia, y a excepción
de un número de seres reducido,
los demás a su Dios desconocían,
y pagaban su amor con el olvido.
¿Qué hará el Señor al ver tantas ofensas?
¿Mostrará su justicia y su poder?
¿Enviará un castigo tan terrible
que haga al mundo al instante fenecer?
Esto hiciera sí fuera sólo justo:
más, como es todo amor, todo bondad,
a tanta ingratitud, a ofensa tanta,
opondrá su infinita caridad.
Así se venga el Dios cuyas bondades
no se pudieron nunca enumerar;
¡Qué práctica lección para nosotros
que tanto nos cuesta perdonar!
Continuar leyendo...
