¡Virgen de Guadalupe,
amada Madre mía!
¡Qué dulce es para un hijo
el poder cantar con toda confianza
la gloria y la hermosura de su Madre!
Sí, Señora y Reina de lo criado:
desde el nacimiento del sol hasta el ocaso,
tu nombre, así como el de tu Unigénito,
es grande en las naciones.
El suyo es infinitamente grande,
como que es nuestro Dios,
nuestro Padre y Redentor,
cuyo nombre es sobre todo nombre;
mas el tuyo es inmensamente grande,
pues eres su verdadera Madre,
como a Juan Diego le dijiste,
y eres la Reina del mundo,
y el encanto de la tierra












