Gloriosa Princesa Santa Eduviges,
que prevenida de Dios con bendiciones de dulzura
entraste en este mundo agraciada,
y en medio de la grandeza que te ofrecía el palacio,
de las delicias que correspondían a tu estado,
y de las lisonjas en que los cortesanos te aplaudían,
supiste desde tus tiernos años
cultivar en tu alma heroicas virtudes,
las que con la divina gracia practicaste
en el estado de tu matrimonio,
estudiando humildad, paciencia y oración;
educando santamente a tus hijos
y unida en verdadera caridad con tu esposo,
socorriendo con limosnas liberalmente
a los necesitados y desvalidos.
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