La vida de Abrahán es narrada en el libro del Génesis, entre los capítulos 12 y 25, que nos informa que era un jefe caldeo en Mesopotamia que vivió hacia el año 2000 antes de Cristo, y hacia el año 1921 a.C. Dios le llamó para que abandonase su nación y migrara a Canaán. En el libro del Génesis, San Moisés nos dice que Dios bendijo a Abrahán con innumerables descendientes en el sentido biológico y genealógico, haciéndole no sólo antepasado de la nación de Israel, sino también de varios pueblos del Cercano Oriente como los idumeos, ismaelitas y madianitas. Pero aunque muchos católicos de hoy puedan tener orígenes étnicos hacia estos pueblos, no es por ese motivo que los Católicos reconocen a Abrahán como Patriárchæ nostri, porque recordamos la enseñanza de San Juan Bautista, el último de los profetas veterotestamentarios, quien le advirtió a los judíos:
“Y dejaos de decir interiormente: Tenemos por padre a Abrahán; porque yo os digo que poderoso es Dios para hacer que nazcan de estas mismas piedras hijos de Abrahán”. (Mateo 3, 9).
“Y dejaos de decir interiormente: Tenemos por padre a Abrahán; porque yo os digo que poderoso es Dios para hacer que nazcan de estas mismas piedras hijos de Abrahán”. (Mateo 3, 9).
