Fluye sangre de tus sienes
hasta cegarte los ojos.
Cubierto de hilillos rojos
morado el rostro tienes.
Y al contemplar como vienes
una mujer se atraviesa,
te enjuga el rostro y te besa.
La llamaban la Verónica.
Y exacta tu faz agónica
en el lienzo queda impresa...
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hasta cegarte los ojos.
Cubierto de hilillos rojos
morado el rostro tienes.
Y al contemplar como vienes
una mujer se atraviesa,
te enjuga el rostro y te besa.
La llamaban la Verónica.
Y exacta tu faz agónica
en el lienzo queda impresa...
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