hacia el Cristo más hermoso,
el Cautivo Redentor,
fe y amor de los cristianos,
el Cautivo más honroso,
el más sufriente y generoso,
Jesús de Medinaceli.
¡Ampáranos, noche y día,
te lo pedimos, Jesús;
no estas solo en tu agonía,
todos velamos contigo,
sufriendo con tu dolor.
Por la sangre que se ve
en ese rostro divino,
por los clavos que en tus pies
y tus manos han hundido,
los miles de pecadores
con sus miles de martillos.
Perdona nuestros errores,
más que pedir ... ¡lo suplico!
Por tu Pasión tus Dolores,
llévanos al buen camino.
Deja que mi alma te diga
yo quiero sufrir con Dios,
moriste sin ser culpable