Pues en el trance mortal,
dais consuelo y alegría
sednos, Tecla, norte y guía,
en aquel punto final.
A los dieciocho años,
San Pablo a Dios os llevó,
pues claro sol os hirió
con sus voces rayo a rayo,
tan fuerte que en celestial
pira, vuestro pecho ardía.
Por defender la pureza
en Antioquía os echaron
a las fieras, y olvidaron,
al veros, su gran fiereza,
triunfando así del infernal
