¡Oh! inmaculada Virgen María,
bella y cándida azucena,
Virgen de la Medalla Milagrosa.
A ti me dirijo, a quién el Señor
ha colmado de infinitas gracias
desde el primer instante de tu purísima Concepción.
Reina soberana, que tan rica te hallas
de bienes y favores celestiales,
dígnate en favorecer a mi alma
haciéndome participe de los tesoros
de tu Concepción purísima.
de bienes y favores celestiales,
dígnate en favorecer a mi alma
haciéndome participe de los tesoros
de tu Concepción purísima.
Doy así mismo alabanzas y gracias
a la santísima Trinidad
porque te concedió tan sublimes dones;
yo, que tantas faltas he cometido
y tan lleno de miserias me encuentro.
y tan lleno de miserias me encuentro.





