¡Oh Bienaventurada Virgen María!
Quién puede recompensarte dignamente
con las debidas alabanzas
y hacimientos de gracias,
a Ti que por el admirable
asentimiento de tu voluntad
rescataste al mundo perdido?
¿Qué cantos de alabanza
puede recitar en tu honor
nuestra débil naturaleza humana,
puesto que por tu sola intervención
es que se ha encontrado
el camino para la restauración?
Acepta, pues, estas pobres gratitudes
que tenemos para ofrecer,
aunque ellas no igualen a tus méritos;
y, recibiendo nuestros votos,
obtén por tus ruegos
la remisión de nuestras culpas.
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Acepta, pues, estas pobres gratitudes
que tenemos para ofrecer,
aunque ellas no igualen a tus méritos;
y, recibiendo nuestros votos,
obtén por tus ruegos
la remisión de nuestras culpas.
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