Bienaventurado San Martín de Tours,
que estuviste lleno del Espíritu del Señor,
teniendo siempre
inextinguible caridad por los necesitados.
Tú que lleno de amor y generosidad,
cuando viste al mendigo que estaba tiritando de frío,
sin saber que en verdad era Cristo,
no dudaste en darle la mitad de tu capa,
y no se la diste completamente,
puesto que la otra mitad
pertenecía al ejército romano.
Tú que no buscaste reconocimiento
sino solamente favorecer a tu prójimo,
hallaste gloria ante el Señor.
Y cuando el Salvador se te apareció
vestido con la media capa
tanto como para expresar aprecio por tu gesto
y Él te dijo “Hoy me cubriste con tu manto”,
decidiste no servir más en el ejército
y dedicar tu vida a Dios
y por la salvación de las almas,
siendo desde entonces un propagador de la fe
y un hombre santo totalmente dedicado
a quienquiera estaba en necesidad.