¡Oh bienaventurado San Judas Tadeo!
Obrero infatigable de la viña del Señor,
solícito propagador del Evangelio,
yo me alegro y me regocijo
con toda la ternura de mi corazón,
y te felicito por la Incomparable dignidad
a que te elevó el Señor haciéndote su Apóstol,
y porque a la manera que los Arcángeles,
los Tronos, las Dominaciones
y demás espíritus celestiales que se hallan asistentes
ante el trono poderoso de la Trinidad Beatísima,
así también estás unido por los vínculos de la fe
y de la sangre con la Trinidad Sacrosanta,
terrestre, Jesús, María y José.







