Misericordioso Jesús, Padre mío,
siendo vos la grandeza y la inocencia misma,
os humillasteis hasta ser elevado en la cruz
y morir por vuestro amor y no satisfecho aún,
habéis levantado en Mailín
un nuevo trono de vuestras misericordias.
Oh! Bendito Señor de Mailín,
aquí me tenéis humildemente postrado
para pedir perdón por mis defectos
y agradeceros las virtudes
que en esta sencilla persona
habéis depositado con generosidad.
