Oh Dios omnipotente,
cuyos antiguos prodigios
ilustraron tanto a vuestro pueblo,
y los habéis repetido tantas veces
con vuestros siervos,
para dar a conocer vuestro beneplácito
con las almas que fielmente os sirven.
Por el milagro que hicisteis
en la muerte de vuestro fidelísimo siervo Amaro,
permitiendo se tocaran solas las campanas
en la noche de su dichosa muerte,
así como que cubriera un resplandor celestial
la morada donde el Santo había muerto,

