Nadie jamás a vuestro amparo augusto
inútilmente se acogió, Señora!
Vos escucháis al pecador y al justo;
pues ningún hombre a vuestras plantas llora,
y su esperanza o su dolor os fía,
que no halle en vos clemencia,
y ante la soberana omnipotencia
derecho a la piedad. ¡Salve, María!
¡Salve cien veces,
inútilmente se acogió, Señora!
Vos escucháis al pecador y al justo;
pues ningún hombre a vuestras plantas llora,
y su esperanza o su dolor os fía,
que no halle en vos clemencia,
y ante la soberana omnipotencia
derecho a la piedad. ¡Salve, María!
¡Salve cien veces,
Madre poderosa
del Redentor Divino!
¡Salve, oh del cielo estrella luminosa,
que en la senda alumbráis al peregrino
cuando se pierde en noche tempestuosa.
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del Redentor Divino!
¡Salve, oh del cielo estrella luminosa,
que en la senda alumbráis al peregrino
cuando se pierde en noche tempestuosa.
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