a quien las celestiales luces
alumbraron su nacimiento,
dando señal de la gracia que Dios os concedía.
Vuestra infancia estuvo llena
de prodigiosas señales
llegándose a decir de vos
que eráis la llave que abría el cielo.
Bien sabido que en vuestra presencia todo mejoraba
y que los bienes materiales de los necesitados
