Santísima Madre inmaculada de la Luz,
y las milagrosas Santa Úrsula
y las Once Mil Vírgenes,
yo postrado delante del trono de vuestra clemencia,
y confuso por mis muchos y graves pecados,
con sumo dolor mi corazón,
todos los detesto,
porque con ellos ofendí a tu Santísimo Hijo
Dios y Señor mío amable
a quien amo sobre todas las cosas,
y estoy resuelto a morir
antes de volverte a ofender.
Tú Señora mía y Madre benigna,
todo me doy, entrego
y dedico a ti por esclavo e hijo tuyo,
ahora y siempre y por toda la eternidad
y te doy humildes gracias
por los beneficios que he recibido
y por los males y peligros
de que he sido librado
por favor de tu misericordia
y de Santa Úrsula
con las Once Mil Vírgenes que os acompañan.
