En primer lugar se hacía el conjuro a Santa Marta para atraer a los hombres a casa:
“Marta, Marta ni la digna ni la santa,
a la que por los aires anda,
a
la que se encadena,
y por ella nuestro padre Adán peco,
y todos pecamos,
del
demonio del pozo al del reposo,
el del reposo y el que suelta al preso,
al que
acompaña al ahorcado,
al diablo cojuelo, al del rastro,
y al de la carnicería,
que todos juntos os juntéis,
y en el corazón de (tal fulano) entréis,
guerra a
sangre y fuego le deis
que no pueda parar,
hasta que me venga a buscar,
demonio
cojuelo tráemelo luego,
demonio del peso tráemelo presto”
Y habiendo
dicho esto, el hombre vendría tal día por la mañana a la puerta de la casa de la
moza que quería novio.
Y si llegaba a entrar en la casa enojado, había que hacerle
una cruz con los dedos de la mano derecha sin que él lo viera, y pronunciando su
nombre dijese: