Dios te salve, Emperatriz
de los mundos y los astros, más adorable que nunca,
cuando llega el tiempo santo.
Ángeles y serafines
al amanecer, postrados,
te cantan como nosotros
desde el mundo te cantamos.
Se acerca ya el tiempo triste
en que padeciste tanto,
y visten luz en los cielos
los ángeles y los santos.
¡Tanto como padeciste,
y los hombres olvidados
de que cada vez que pecan
sufres, de nuevo, otro tanto!
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