¡Oh Dios misericordioso!
ten piedad de aquellas almas
que no tienen amigos e intercesores particulares
que las recomienden a Ti, quienes,
o por la negligencia de los vivos,
o por el paso del tiempo,
son olvidadas por sus amigos y por todos.
Auxílialas, Señor,
y acuérdate de tu propia misericordia,
cuando otros se olviden de pedirla.
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