Miguel, caudillo de Dios Nuestro Señor,
victorioso en todas la batallas encomendadas,
que dominas y sometes al maligno,
en todo enfrentamiento y circunstancia,
protégeme de todo mal,
de todo peligro y toda adversidad,
en este nuevo día que comienza.
Amado Miguel Arcángel,
mi buen protector,
al amanecer preséntame ante mis ojos
todas las ocasiones para obrar el bien
que el nuevo día me depara
y no permitas que las menosprecie.

