que velas por mí incesantemente,
tú, que tienes esta misión,
pues Dios te la encomendó,
cuida de mí noche y día,
y ayúdame a levantarme
si me siento atribulado
o caigo en la desesperación.
Ángel Custodio, compañero y amigo,
despliega tus alas y cúbreme
si me encuentro solo,
o cuando sufra dolor,
que sea tu compañía el bien
que mi alma necesita,
y sácame del error
si mis pensamientos se desvían,
o si el maligno me confunde,
con sus acechanzas arteras.




