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jueves, 17 de mayo de 2018

A SANTA MARIANA DE JESÚS, LA AZUCENA DE QUITO, GOZOS


A la feliz mansión,
donde moras noche y día,
al divino Corazón,
sé, Mariana, nuestra guía.

Como la blanca azucena,
los jardines donde crece
con sus galas embellece
y de su fragancia llena,
tal de Quito la región
inundaste de alegría.
Al divino Corazón,
sé, Mariana, nuestra guía.

De tu celestial Esposo
el Corazón fue tu estrella;
de allí una viva centella
prendió en tu pecho dichoso,
sí, del nuevo Salomón
el amor te consumía.
Al divino Corazón,
sé, Mariana, nuestra guía.

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¡Con qué gozo tu alma pura
desde tus años más tiernos
unióse en lazos eternos
al Dios de toda hermosura!
tu Esposo para esta unión
de virtudes te atavía.
Al divino Corazón,
sé, Mariana, nuestra guía.

A mil y mil quiere tu alma
las puertas abrir del Cielo;
anhela tu noble celo
de mártir sangrienta palma:
ir por esto al Marañón
pretendes con bizarría.
Al divino Corazón,
sé, Mariana, nuestra guía.

Al ver sufrir a tu Amado
en la Cruz tantos dolores,
ejerces tiernos rigores
en tu cuerpo delicado;
tu sustento es la oración,
tu cama la tierra fría.
Al divino Corazón,
sé, Mariana, nuestra guía.

Como el ave aprisionada
suspira por la pradera
donde celebrar espera
su libertad recobrada,
tu alma así de su prisión
verse suelta ya quería.
Al divino Corazón,
sé, Mariana, nuestra guía.

Para recrear tu mente,
si el puro labio entonaba
himnos que el cielo dictaba
a tu corazón ardiente,
responden a la canción
las aves con su armonía.
Al divino Corazón,
sé, Mariana, nuestra guía.

Subes a la alta Jerusalén
cual de incienso vaga nube,
a Dios te lleva un querube,
y Dios corona tu sien,
y a Sí mismo en galardón
te se da desde aquel día.
Al divino Corazón,
sé, Mariana, nuestra guía.

De su virtud celestial
en pos alegres volemos;
igual gloria gozaremos,
ceñiremos lauro igual.
Ten, Mariana, compasión
del pueblo que en ti confía.
Al divino Corazón,
sé, Mariana, nuestra guía.

A la feliz mansión,
do moras noche y día,
al divino Corazón,
sé, Mariana, nuestra guía.


Antífona:

Ven, esposa de Cristo,
recibe la corona que el Señor
te preparó para toda la eternidad.

℣. Ruega por nosotros,
bienaventurada Santa Mariana.

℟. Para que seamos dignos
de las promesas de Cristo.


 



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