Las Oraciones Más Antiguas, Mágicas, Efectivas y Poderosas

miércoles, 22 de agosto de 2018

AL DULCE NOMBRE DE MARÍA PARA RECIBIR AMPARO Y SOCORRO EN LAS DIFICULTADES


Nadie jamás a vuestro amparo augusto
inútilmente se acogió, Señora!

Vos escucháis al pecador y al justo;
pues ningún hombre a vuestras plantas llora,
y su esperanza o su dolor os fía,
que no halle en vos clemencia,
y ante la soberana omnipotencia
derecho a la piedad. ¡Salve, María!

¡Salve cien veces,
Madre poderosa
del Redentor Divino!

¡Salve, oh del cielo estrella luminosa,
que en la senda alumbráis al peregrino
cuando se pierde en noche tempestuosa.

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¡Oh reina, oh madre! de mi humilde acento
no despreciéis la débil alabanza;
que si a ensalzar no alcanza
vuestra gloria, que asombra al pensamiento,
nace del sentimiento de un pecho agradecido,
que al fuerte impulso del amor que encierra,
con vuestro nombre plácido y querido
llenar quisiera la anchurosa tierra.

Dejadme, pues, que ardiente lo proclame:
que ese nombre feliz, mil y mil veces
resonando en mis preces,
su dulzura suavísima derrame
de mi existencia en las veloces horas;
santificando las que plazca al cielo
darme consoladoras,
y siendo en las amargas mi consuelo.

Marial oh, sí, María! yo os invoco,
ya con alma gozosa, ya afligida,
como a constante norte de mi vida,
y hora del mundo entre bullicio loco,
hora en la paz de plácido retiro,
tienda la noche su solemne sombra,
fulgure el sol en su brillante giro,
siento que en leda calma
siempre que el labio os nombra
se fortalece y purifica el alma.

¡María! ¡dulce María!
¡Madre del amor bello!
¡Fuente de poesía!
grabadme vuestro nombre como un sello
dentro del corazón, y el regio manto
tended cubriendo la miseria mía,
para que ante los ojos del Dios santo,
sin que su augusta majestad se ofenda,
pueda de adoración rendirle ofrenda.

En cambio de ella los sublimes dones,
de su gracia me alcance vuestra mano,
y llégueme el presente soberano
con vuestras bendiciones.

Esto os pido, Señora, y esto ansío,
esto os pido por mí, por cuantos amo:
danos cobijo y amparo
en nuestras penas, en nuestra miseria,
todos a vuestro amor se los confío,
y por todos con júbilo os aclamo
remedio, y esperanza y alegría
de la prole de Adán: por todos beso
vuestro alto nombre y su poder admiro;
mientras lo guarda el corazón impreso,
para que endulce ¡oh reina! mi agonía...
pues sonará con mi postrer suspiro
el dulcísimo nombre de María.

 
 
 
 

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