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lunes, 28 de mayo de 2018

ORACIÓN DE CONSOLACIÓN PARA LOS QUE SUFREN DOLOR Y TRISTEZA


Dadme la gracia, Señor, de gozar
vuestras consolaciones en mis sufrimientos,
a fin de que sufra como Cristiano.
 
No pido ser exento de los dolores,
porque ésta es la recompensa de los Santos:
pido no ser abandonado
a los dolores de la naturaleza
sin las consolaciones de vuestro Espíritu.
 
No pido tener una plenitud de consolación
sin sufrimiento alguno,
porque esta es la vida de la gloria.
 
No pido tampoco
una plenitud de males sin consolación,
sino que os pido, Señor,
sentir enteramente en conjunto
los dolores de la naturaleza por mis pecados,
y las consolaciones de vuestro Espíritu
por vuestra gracia,
porque éste es el verdadero estado de Cristianismo.
 
Que no padezca los dolores sin consolación,
si no que sienta los dolores
y la consolación al tiempo,
para llegar finalmente a no sentir
más que vuestras consolaciones sin dolor alguno.

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Porque, Señor, antes de la venida
de vuestro único Hijo,
Vos habéis dejado languidecer al mundo
en los sufrimientos naturales sin consolación:
actualmente, por la gracia de vuestro único Hijo,
consoláis y endulzáis los sufrimientos
de vuestros fieles y colmáis
de una purísima bienaventuranza
a vuestros Santos en la gloria
de vuestro único Hijo.
 
Estos son los admirables grados
por los cuales conducís vuestras obras.
Vos me habéis sacado del primero:
hacedme pasar por el segundo,
para llegar al tercero.
 
Señor, esta es la gracia que os pido.
Apartad de mí, Señor, la tristeza
que el amor propio me pueda dar
por mis propios sufrimientos,
y las cosas del mundo que no aprovechan
las inclinaciones de mi corazón,
que no mira sino vuestra gloria.
 
En cambio, poned en mí una tristeza
conforme a la vuestra;
que mis dolores sirvan para aplacar vuestra ira.
 
Hacedlos una ocasión
para mi salvación y conversión,
Que en adelante no desee salud ni vida
si no es para emplearla y consumirla por Vos,
en Vos y con Vos.
 
No os pido ni salud ni enfermedad,
ni vida ni muerte,
si no que dispongáis de mi salud
y de mi enfermedad,
de mi vida y de mi muerte,
para vuestra gloria,
para mi salvación, y
 para la utilidad de la Iglesia
y de vuestros Santos,
donde espero por vuestra gracia
tener una porción.
 
Vos solo sabéis lo que más necesito:
Vos sois el soberano maestro,
haced lo que queráis.
 
Dadme, quitadme;
mas conformad mi voluntad a la vuestra;
y que, con una sumisión humilde y perfecta,
y con una santa confianza,
me disponga a recibir las órdenes
de vuestra providencia eterna
y que adore igualmente
todo cuanto venga de Vos.
Amén

  

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