Las Oraciones Más Antiguas, Mágicas, Efectivas y Poderosas

martes, 27 de noviembre de 2018

NOVENA A SAN FRANCISCO DE ASÍS, PARA OBTENER UNA PETICIÓN MUY DIFICIL


MODO DE PRACTICAR ESTA NOVENA

Para que el santo ejercicio de esta novena sea provechoso a tu alma, y puedas alcanzar por medio de ella lo que deseas, te esforzarás en imitar la virtud que en cada uno de estos nueve días te enseñará el santo Patriarca, y la que será el objeto de tu meditación. Puesto de rodillas delante del altar o imagen del santo, procurarás arreglar tus potencias y sentidos, y movido de una santa compunción, contrito y humillado dirás de esta manera:

NOVENA EN HONOR DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

 
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.

Dios omnipotente y Padre misericordiosísimo, que penetráis hasta lo más íntimo del corazón, aquí me tenéis rendido a vuestra divina presencia, movido de un vivo deseo de conocer mis pecados, para poderlos debidamente llorar, y obtener de vuestra inefable bondad el perdón de todos ellos. Alumbrad mi entendimiento con vuestras soberanas luces, inflamad mi voluntad con un rayo de vuestro divino amor, para que devota y fructuosamente medite en esta novena las virtudes, que con su ejemplo me enseñará mi seráfico padre San Francisco. Sostenedme, Dios mío, con vuestra gracia. María, Madre de Dios y madre de pecadores, ayudadme a alcanzar de vuestro divino Hijo el perdón de todas mis culpas, y la perseverancia final en su santo amor y temor. Amén.
 


DÍA PRIMERO

MEDITACIÓN SOBRE LA HUMILDAD DE SAN FRANCISCO.

En el instante mismo en que fue concebido el seráfico Patriarca, fue tal el resplandor con que el Cielo iluminó todo el valle de Espoleto, donde moraban sus padres, por manera que estremecido el Infierno de tan grande prodigio, movió implacable guerra contra el que iba a nacer, hasta acabar con su vida, si pudiese. Pero ¿qué podria conseguir Lucifer y sus ministros contra el que custodiaban millares de ángeles? Dios tiene destinado a San Francisco para exaltarle y engrandecerle, y San Francisco a la vez se humilla y abate; y esta misma humildad, con que especialmente le honra la Iglesia, le elevó a aquel trono de gloria, del que por su soberbia había sido destronado el ángel malo.

ORACIÓN

Señor mío Jesucristo, resplandor del Padre de las luces, que en señal de que el seráfico Patriarca venía a iluminar el mundo con las luces de su ejemplo y predicación, derramasteis en el momento de su concepción un raudal admirable de fulgores sobre el suelo de su patria; suplicoos, Señor mío, que por sus méritos y poderoso valimiento llegue al conocimiento de mi propia nada y al de mis pecados, para que verdaderamente arrepentido de todos ellos, los confiese con verdadero dolor, permaneciendo siempre humillado bajo el suave yugo de vuestra divina ley; con lo cual merezca el premio prometido a los humildes de corazón, que es el ser exaltado en la eterna gloria. Así sea.

Ahora diremos cinco veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri en memoria de las cinco llagas que imprimió Jesucristo Señor nuestro en el cuerpo de nuestro seráfico Padre.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.

Seráfico Padre mío, prodigio de la gracia y copia la más viva de Cristo crucificado, he meditado una de vuestras heroicas virtudes, y prometo desde ahora arreglar conforme a ella mi comportamiento. Elegido vos para reparar el mundo, vuestra voz, cual clarín evangélico, resonó por todas partes, despertando a los pecadores del funesto letargo de la culpa. Despertad, Padre mío, mi adormecida conciencia, y haced que, avivado por la divina gracia, llore humildemente mis desaciertos y extravíos. Vos formasteis, cuando acá en la tierra morábais, la caritativa resolución de conceder cuanto se os pidiese por amor de Dios. Por este mismo amor suplícoos que de tal modo ejerciteis conmigo los oficios de padre, de manera que nunca desmerezca vuestra protección y amparo, cumpliendo siempre, a imitación vuestra, lo que sea del agrado de Dios. Y vos, dulcísima Madre mía, que tanto agraciasteis a vuestro siervo San Francisco, impetradme de vuestro divino Hijo la gracia particular que le pido en esta sagrada novena, si ha de ser a mayor gloria de Dios, provecho del prójimo y bien de mi alma. Para ello interpongo también la poderosa protección de mi seráfico Patriarca, ayudado de la cual y de la vuestra, me prometo una vida santa, una muerte dichosa y la bienaventuranza eterna. Así sea.
 

 

GOZOS EN HONOR DE SAN FRANCISCO

Pues con Dios tanta cabida
Tenéis, Padre soberano,
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.

Vuestro nacimiento santo
Causó con igual porfía
Al mundo eterna alegría
Como al Infierno dio llanto:
El Cielo ansioso por tanto
Como un pesebre os convida.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.


Cuando os llegasteis a echar
En la nieve, Santo mío,
No tuvisteis miedo al frío,
Que a todos hace temblar:
Y pues no disteis lugar
A la pasión atrevida.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.

En una zarza, a mi ver,
De cambrones penetrantes,
¡Oh Francisco!, quereis antes
Arrojaros, que caer:
Y la que espinas fue ayer,
Hoy de tenerlas se olvida.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.

En apariencias de dama
Os tentó el demonio, y luego
Para apagar aquel fuego
De otro fuego hicisteis cama:
Vuestra fervorosa llama
Fue del Infierno temida.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.

Herido, mi Padre fiel,
En manos, pies y costado,
De Cristo crucificado
Hacéis un vivo papel:
Y pues sois a la de Aquél
Imagen tan parecida.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.

Entre resplandores bella,
Dejó el mundo vuestra alma,
A gozar dichosa palma
Se fue como clara estrella:
Y pues del lugar de aquella
Dio Lucifer su caída.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.

En pie quedó, como es cierto,
¡Oh divino Serafìn!,
Vuestro cuerpo, porque al fin
No tuvo en qué caer muerto:
Y en la esfera en que os advierto,
Sois de pobres acogida.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.

Y pues sois patrón y guía
De quien busca vuestro amparo,
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.

Antífona:
 
¡Oh mártir de deseo, San Francisco! ¡Con qué afecto tan tierno y compasivo sigues por el camino de la Cruz al que se la carga por tu amor! En vano suspiras por el martirio, pues ya el mismo Señor crucificado imprime en ti sus llagas, y hace que sientas la atrocidad de sus dolores. Atiende desde el Cielo a tus devotas ovejuelas, y alcánzales de Dios que vayan a aumentar el número de tus dichosos compañeros en la gloria.

℣. Ruega por nosotros, padre nuestro San Francisco.

℟. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.

ORACIÓN

Oh Dios, que por los méritos del bienaventurado San Francisco adornaste tu Iglesia con una nueva familia, concédenos que, a imitación suya, despreciemos las cosas de la tierra, y nos hagamos dignos de ser partícipes de los dones celestiales: Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA SEGUNDO

Por la señal…

Acto de contrición.

MEDITACIÓN SOBRE LA POBREZA DE SAN FRANCISCO.

Estando en gravísimos dolores la madre del seráfico Patriarca, sin que pudiese darle a luz, un ángel en apariencia de peregrino se acercó a la puerta de su casa, y dijo a los que en ella había: «Si queréis que la señora tenga un feliz y pronto alumbramiento, conducidla al establo, y cumplidos quedarán todos vuestros deseos». En seguida la condujeron al indicado lugar, y recobrando ésta de repente los perdidos alientos, vio nacido con felicidad el fruto de sus entrañas. ¡Oh viva imagen de Jesús! La pobreza de un establo os muestra el camino que habéis de seguir, y os posesiona la virtud que en este día quereis enseñarme. A la pobreza de espíritu llamábais vuestra madre, vuestra hermana y vuestra señora, y en desnudez y pobreza quisisteis vivir y morir.

ORACIÓN

Dulcísimo Jesús de mi vida, que con admirable providencia dispusisteis que naciese el seráfico San Francisco en un establo, para que desde el instante de su nacimiento comenzase a ser imagen vuestra: haced que así como supo desprenderse de todo afecto terreno, siendo su único deseo el copiar en sí la pobreza del pesebre y la desnudez del Calvario, no dejando a sus hijos otro patrimonio que la pobreza; sepa yo imitar a vuestro siervo San Francisco en esta heroica virtud, y que arrancando de mi corazón todo apego a las cosas terrenas, aprenda a ser un verdadero pobre de espíritu, y diga a imitación suya: «Dios y Señor mío, vos sois para mí todas las cosas»; y renunciándolo todo por vuestro amor, alcance el premio que teneis prometido a los pobres de espíritu, que es el Reino de los cielos. Amén.

Cinco Padrenuestros, con Ave María y Gloria Patri. La Oración y los gozos se rezarán todos los días.

DÍA TERCERO

Por la señal…

Acto de contrición.

MEDITACIÓN SOBRE LA PENITENCIA DE SAN FRANCISCO.

Llevando a bautizar en la iglesia de San Rufino al recién nacido, dispuso Dios que un ángel en figura de peregrino se ofreciese a tener al niño en la pila mientras le bautizasen, lo que gustoso condescendió el que fuese destinado para este ministerio. Púsosele el nombre de Juan, nombre que encerraba el doble concepto de predicador y de penitente, para lo cual el Cielo le tenía destinado. Concluida la función desapareció el ángel peregrino, y luego se notó sobre el hombro derecho del niño Juan, que despues se llamó Francisco, una cruz roja, que llevó impresa toda su vida. ¡Oh signo de penitencia y de mortificación, cuán grabado quedaste en el alma del penitente San Francisco!

ORACIÓN

Omnipotente Dios, mi Criador y Salvador mío: por el sacramento del bautismo me habéis franqueado la entrada en los inmensos tesoros de vuestra gracia, y en retorno de tan gran beneficio me comprometí a abrazarme con la cruz de la mortificación. De esta virtud me proponéis un ejemplar el más cumplido y admirable en la persona del penitente San Francisco. Desde que emprendió este el camino de la cruz, que impresa llevó siempre en su hombro derecho, sus ayunos fueron continuos, sus disciplinas sangrientas y sus cilicios atroces. Sobre las punzantes espinas de una zarza y sobre las voraces llamas del fuego arrojaba su cuerpo desnudo, para mortificar la carne y rendir los esfuerzos de la concupiscencia. Haced pues, dulce Redentor mío, que yo aprenda a mortificar mis apetitos y a sujetar mis pasiones; y que caminando por la senda de la penitencia, llegue al término apetecido de vuestra gloria. Amén.

Cinco Padrenuestros, con Ave María y Gloria Patri. La Oración y los gozos se rezarán todos los días.

DÍA CUARTO

Por la señal…

Acto de contrición.

MEDITACIÓN SOBRE LA PACIENCIA DE SAN FRANCISCO.

Después de haber pasado el seráfico Patriarca treinta días en el desierto, entregado a continuas y asombrosas penitencias, sale a predicar por las calles y plazas de Asís. Unos le tienen por loco, otros le llenan de insultos, los muchachos le apedrean, y todos le desprecian. Su mismo padre le obliga a que comparezca ante el tribunal del obispo, y después de haberle cubierto de oprobios e injurias, le precisa a que haga renuncia de su mayorazgo. ¡Oh invicta paciencia de San Francisco! A todo se resigna su pacientisimo espíritu, y despojándose hasta del vestido que lleva, para entregarle a su enfurecido padre, exclama: «De buena gana lo renuncio todo, y desde hoy en adelante podré decir con toda verdad: ya no tengo más padre que el que está en los Cielos».

ORACIÓN

Amantísimo Dios, Padre pacientísimo y Señor mío, vos que hicisteis conocer a vuestro querido siervo San Francisco cuán grata os es la virtud de la santa paciencia, virtud que tan cumplidamente supo imitar, sufriendo con resignación, no solo los insultos y oprobios de los extraños, sí que también los más amargos atropellamientos de su mismo padre. Agudos fueron los dolores y penosísimas las enfermedades con que probasteis su admirable paciencia: inhumanos fueron los tratamientos con que, permitiéndolo vos, probaron su extenuado cuerpo los hombres, y hasta los mismos demonios. Por esta misma paciencia de mi padre San Francisco, suplícoos humildemente que me concedáis aquella fortaleza de ánimo que necesito, para que así pueda suportar con alegría los trabajos y penalidades que sea de vuestro agrado enviarme, a fin de que merezca conseguir la recompensa que tenéis prometida a los que con paciencia se abrazan con la cruz de los contratiempos, ultrajes y toda suerte de desgracias. Así sea.

Cinco Padrenuestros, con Ave María y Gloria Patri. La Oración y los gozos se rezarán todos los días.

DÍA QUINTO

Por la señal…

Acto de contrición.

MEDITACIÓN DEL AMOR QUE SAN FRANCISCO TENÍA A DIOS.

Caldeado el corazón de San Francisco en la fragua del amor divino, en alas de caridad vuela con sus compañeros a impetrar del sumo Pontífice la confirmación de la regla que le había inspirado Jesucristo. Asegurado de la divina misión, no suspira más que amar a Dios, y que sea amado y loado de todos los hombres. El incendio de caridad que abrasa su corazon, y que San Buenaventura llama «un ascua de fuego abrasador», le inflama, le diviniza, le merece el nombre de Serafín. Este mismo le hacia decir a sus hijos: «Nada debemos desear, nada más debemos apetecer que al Criador, al Redentor y al Salvador, porque solo Él es el verdadero bien, el bien por excelencia, el único bien que debemos amar. Alabemos pues, bendigamos, glorifiquemos, adoremos y demos gracias al Altísimo, eterno y sumo Dios».

ORACIÓN

Amorosísimo Redentor y bienhechor de las almas, ¿quién será capaz de comprender la caridad que ardía en el abrasado corazón de vuestro siervo Francisco? Traspasada su alma con el encendido dardo de vuestro amor, os decia: «Dios mío y todas las cosas! ¡Quién sois vos, dulcísimo Señor y Dios mío, y quién soy yo, vil gusano de la tierra! Yo, Señor, deseo daros todo mi corazón, todo mi cuerpo y toda mi vida; quiero amaros, y quisiera tener ocasiones en que manifestaros mi amor». Haced pues, dulce amor de los corazones, que el mío, que tantas veces se ha olvidado de su Dios, ya no piense más que en su Criador, y no sepa vivir sino amando al único objeto digno de ser amado. Quiero amaros, dulce Jesus mío, y a imitación del amante San Francisco, digo con toda la efusión de mi alma: «La fuerza de vuestro amor aparte de mi mente cuanto está bajo del Cielo, para que víctima del amor divino muera por Aquel que por mí murió». Así sea.

Cinco Padrenuestros, con Ave María y Gloria Patri. La Oración y los gozos se rezarán todos los días.


DÍA SEXTO

Por la señal…

Acto de contrición.

MEDITACIÓN DEL AMOR DE SAN FRANCISCO A LOS PRÓJIMOS.

El ardoroso volcán del divino amor, que había trasformado a Francisco en un abrasado serafín, le hacía decir que no podia reputarse amigo de Cristo, si no extendia su caridad a las almas que había redimido con su Sangre. Contemplábase deudor a sus prójimos de su oración, de su predicación, de sus penitencias y de su buen ejemplo. Su caridad le hacía pensar en la salvación de los hombres, del mismo modo que había pensado Jesucristo; y clamando a Dios de lo íntimo de su corazón por la salud espiritual de los hombres, oye al divino Salvador que le dice: «Muy solícito andas tú y tus hijos por la salvación de las almas; pide pues lo que quieras por su salvación, porque yo te suscité para luz de las gentes y reparación de la Iglesia». Alentado Francisco con estas palabras, y con la protección de María, pide la célebre indulgencia de Porciúncula, con la que a todos quiere abrir las puertas del paraíso. «¡Oh caridad admirable!, exclama San Buenaventura. ¡Oh caridad excelsa, que a imitación del Apóstol hace a Francisco un todo para todos, para salvarlos a todos!».

ORACIÓN

Misericordiosísimo Abogado de los hombres, que en prueba de la complacencia con que escucháis los clamores de vuestros siervos, concedisteis a vuestro siervo Francisco la milagrosa indulgencia de Porciúncula, y quisisteis renovar en él los excesos de vuestra gran caridad a los hombres; haced que mi corazón, a imitación del caritativo Francisco, no solo se compadezca de las miserias espirituales de mis semejantes, sí que tambien de las corporales. Estas le hacían tan compasivo, que se tenía por ladrón si no socorría la necesidad del que contemplaba más necesitado que él, desprendiéndose de sus vestidos y de su necesaria comida en alivio de las necesidades ajenas; y aquellas las lloraba con tanta amargura, que se tenía por indigno de la misericordia de Dios si no la lograba por los pecadores. Por esta tan abrasada caridad os suplico, Padre mío, que arda mi corazón en llamas de amor al prójimo, y que siendo con él misericordioso, alcance el eterno premio que teneis prometido a los compasivos. Amén.

Cinco Padrenuestros, con Ave María y Gloria Patri. La Oración y los gozos se rezarán todos los días.

DÍA SÉPTIMO

Por la señal…

Acto de contrición.

MEDITACIÓN DEL AMOR DE LA PASIÓN DE JESUCRISTO.

Jesús crucificado y los tormentos de la pasión de este divino Redentor, a manera de un hacecillo de mirra moraban en la mente de Francisco, y en él deseaba con ansias transformarse. En el principio de su conversión le aparece Jesucristo chorreando sangre de sus llagas, y a su vista quedan de tal modo impresos en su alma los horrores del Calvario, que a su recuerdo no puede contener las lágrimas ni los suspiros en todo el resto de su vida. Le preguntan ¿por qué tan tierna y amargamente llora?, y contesta: porque llora la pasión de Jesucristo, cuyos dolores quisiera se dejasen sentir en todo el mundo. Este piadoso recuerdo es el que encarecidamente encarga a sus hijos, y este es el que le transforma en la imagen de Jesús, cuando sobre el nuevo Gólgota recibe las llagas de su amado. Francisco no conoce otro tesoro, otro galardón, otra gloria que a Jesús, y éste crucificado. Francisco es el nuevo reparador del mundo.

ORACIÓN

Amantísimo Jesús crucificado, que para renovar la memoria de vuestra pasión y muerte, que tan olvidada tenía nuestra ingratitud, hicisteis que apareciese al mundo el seráfico Francisco, e imprimisteis en sus manos, pies y costado vuestras sagradas llagas, y fuese una viva imagen vuestra; humildemente os suplico por los méritos de este mi glorioso Patriarca, que derramando en nuestros corazones el espíritu de gratitud y reconocimiento, nos animeis a agradecer y corresponder al beneficio inestimable de nuestra redención. Haced, Señor, que a imitación de San Francisco, llevemos siempre impresos en nuestra alma los dolores agudísimos y los crueles tormentos que quisisteis padecer para rescatarnos de la muerte eterna. Imprimid, oh benignísimo Jesús, imprimid en nuestra mente la memoria de vuestra muerte, inflamad nuestros corazones con el fuego de vuestro amor, y haced que a imitación de San Francisco no deseemos otra gloria, otro tesoro, que a Jesús, y éste crucificado. Amén.

Cinco Padrenuestros, con Ave María y Gloria Patri. La Oración y los gozos se rezarán todos los días.

DÍA OCTAVO

Por la señal…

Acto de contrición.

MEDITACIÓN DE LA DEVOCIÓN DE SAN FRANCISCO AL SANTÍSIMO SACRAMENTO.

Aquel amor incomprehensible de Jesús al hombre, que le obligó a permanecer entre nosotros en el santísimo Sacramento de la Eucaristía, era el objeto de las fervorosas meditaciones del patriarca San Francisco, y el que le inundaba de estupor al paso que de júbilo. Comulgaba frecuentemente, dice San Buenaventura; pero con tanta devoción que volvía devotos a los que le miraban. El humildísimo concepto que tenía formado de sí mismo, y la angelical pureza que debe acompañar a los ministros de tan tremendo sacrificio, que simbolizada en un vaso de tersísimo licor le dio a conocer un ángel enviado del Cielo, le retrajeron de ascender a la dignidad sacerdotal. Movido de esta misma reverencia decia a los sacerdotes de su orden: «Tributad, hermanos míos, tributad todo el honor y reverencia que podáis al Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo». Si la bienaventurada Virgen María es tan altamente honrada porque trajo en su seno el sagrado cuerpo de Jesucristo, ¿cuál debe ser la santidad y pureza del que le hace bajar del Cielo a la tierra, le recibe en su pecho, y aun le da a gustar a los demas? Estremézcase toda la tierra, y humíllese confundido el hombre cuando ve en manos del sacerdote a Cristo, hijo de Dios vivo. ¡Oh obra estupenda y admirable! ¡Oh prodigio de amor! ¡Oh liberalidad inestimable! El Dios de los cielos y de la tierra se humilla hasta ocultarse por nuestra salud bajo las especies de pan. Humillémonos también nosotros, y postrémonos a su presencia.

ORACIÓN

Dulcísimo y amorosísimo Jesús, que tantas veces hicisteis gustar a vuestro siervo Francisco aquellas celestiales dulzuras, que gustan las almas que dignamente os reciben en el sacramento del amor: yo me confundo a vista del estupendo prodigio, que obrasteis por nuestro amor, y no puedo hacer otra cosa que humillarme en vuestra real presencia. ¡Cuán poco he imitado al serafín Francisco en aquella pureza y santidad de alma, que exigis a los que deben gustar el pan de los ángeles, que nos tenéis siempre preparado en la Eucaristía! Vos, Señor, hacíais sentir al patriarca Francisco las más delicadas dulzuras en medio de las más grandes tribulaciones. ¡Oh Señor! No merezco estos favores; pero por el amor que os obligó a quedaros en el augusto Sacramento del altar, dad una mirada benigna sobre esta mi pobrecita alma, derramando en ella una sola gota de aquel bálsamo suavísimo con que curáis las más profundas llagas; y haced que a imitación de San Francisco no ame, ni quiera, ni desee amar otra cosa, sino a vos, en agradecimiento del amor que me manifestais en el santísimo Sacramento. Amén.

Cinco Padrenuestros, con Ave María y Gloria Patri. La Oración y los gozos se rezarán todos los días.

DÍA NOVENO

Por la señal…

Acto de contrición.

MEDITACIÓN DE LA DEVOCIÓN DE SAN FRANCISCO A LA INMACULADA VIRGEN MARÍA.

La santa Iglesia quiere que nosotros llamemos a la Virgen María esperanza nuestra: «Esperanza nuestra, Dios te salve». De tal manera tenía el patriarca San Francisco puesta en esta divina Madre su esperanza, que la constituyó su patrona y la de toda su Orden seráfica. En su honor, dice San Buenaventura, «ayunaba desde la fiesta de los apóstoles San Pedro y San Pablo, hasta su triunfante Asunción a los cielos; y en el primer capítulo que celebró, ordenó a sus hijos que cantasen todos los sábados una misa solemne en honor de la inmaculada Virgen María». Las iglesias consagradas a esta divina Señora eran el objeto de su mayor devoción, y su aseo y adorno el de su atención. Tantos obsequios, tantas oraciones y tantas devociones con que honraba a tan digna Madre, eran efecto de su amor; y este amor le hacía decir, que «ni en el Cielo ni en la tierra se conocía otro nombre, despues del de Jesús, del que reportasen los fieles mayores gracias, en quien depositaran mejor su confianza, ni de quien recibiesen mayor consuelo que del santísimo Nombre de María». Y María a la vez corresponde a la devoción de Francisco, depositando en sus brazos el fruto virginal de sus entrañas, y asegurándole su proteccion para con sus hijos y devotos.

ORACIÓN

Jesús y Señor mío, vos manifestasteis a mi padre San Francisco que el medio más seguro para llegar a vos es el de María vuestra Madre. Rogad pues por mí, ¡oh Madre de Dios!, ya que vuestro Hijo os escucha y os concede todo lo que le pedís. Es verdad que soy indigno de vuestra protección; pero vos nunca habéis abandonado al que ha recurrido a vos. ¡Oh María! A vos entrego mi alma: vos habéis de salvarla. Por los méritos de vuestro devoto Francisco os suplico que me alcancéis la perseverancia en la divina gracia, y el amor para con vuestro Hijo y para con vos. Alcanzadme, ¡oh Madre mía!, este favor de que yo, a imitación de mi padre San Francisco, siempre acuda a vos en todas mis tentaciones y peligros de perder la gracia. Asistidme especialmente en la hora de mi muerte: haced que expire pronunciando vuestro nombre y el de vuestro Hijo, diciendo: «Jesús y María, a vosotros encomiendo el alma mía. Amén».

Cinco Padrenuestros, con Ave María y Gloria Patri. La Oración y los gozos se rezarán todos los días.



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