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jueves, 25 de agosto de 2016

EXORCISMO CONTRA SATANÁS DEL PAPA LEÓN XIII EN ESPAÑOL Y LATÍN (COMPLETO)


En Octubre 13 de 1884, el Papa León XIII experimentó una visión horrible. Después de celebrar la Eucaristía, estaba consultando sobre ciertos temas con sus cardenales en la capilla privada del Vaticano cuando de pronto se detuvo al pie del altar y quedó sumido en una realidad que solo él veía. Su rostro teníia expresión de horror y de impacto. Se fue palideciendo. Algo muy duro había visto. De repente, se incorporó, levantó su mano como saludando y se fue a su estudio privado. Lo siguieron y le preguntaron: “¿Que le sucede su Santidad? ¿Se siente mal?”

El respondió: “¡Oh, que imágenes tan terribles se me han permitido ver y escuchar!”, y se encerró en su oficina.

¿Qué vio León XIII? “Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de satanás desafiando a Dios, diciendo que el podía destruir la Iglesia y llevar todo el mundo al Infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás pidió permiso a Dios de tener 100 años para poder influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo”. A las peticiones del diablo, el Señor le respondió: “Se te dará el tiempo y el poder”.

También León XIII pudo comprender que si el demonio no lograba cumplir su propósito en el tiempo permitido, sufriría una derrota humillante. Vio a San Miguel Arcángel aparecer y lanzar a satanás con sus legiones en el abismo del Infierno.
 
Impactado profundamente por lo que había oído, el Papa León XIII compuso la siguiente Oración a San Miguel (que también es una profecía sobre la Tribulación y la Gran Apostasía en este Fin de los Tiempos), y ordenó que se rezara después de las Misas Ordinarias [no solemnes] como medida de protección para la Iglesia contra los ataques del Infierno.
 
EXORCISMO CONTRA SATANÁS
Y LOS ÁNGELES APÓSTATAS
   
En el Nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.
  
Salmo 67.
Levántese Dios y sean dispersados sus enemigos y huyan de su presencia los que le odian. Como se disipa el humo se disipen ellos, como, se derrite la cera ante el fuego, así perecerán los impíos ante Dios.

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Salmo 34.
Señor, pelea contra los que me atacan; combate a los que luchan contra mí. Sufran una derrota y queden avergonzados los que me persiguen a muerte. Vuelvan la espalda llenos de oprobio los que maquinan mi perdición. Sean como polvo frente al viento cuando el Ángel del Señor los desbarate. Sea su camino oscuro y resbaladizo, cuando el Ángel del Señor los persiga. Porque sin motivo me tendieron redes de muerte, sin razón me abrieron trampas mortales. Que les sorprenda un desastre imprevisto, que los enrede la red que para mí escondieron; que caigan en la misma trampa que me abrieron. Mi alma se alegra con el Señor y gozará de su salvación.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
   
SÚPLICA A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
Gloriosísimo príncipe de la milicia celestial, Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha que mantenemos combatiendo “contra los principados y potestades, contra los caudillos de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos esparcidos por los aires” (Ef. 6, 12). Ven en auxilio de los hombres que Dios creó incorruptibles a su imagen y semejanza (Sap. 2, 23), y a tan “alto precio rescatados” (I Cor. 6, 20) de la tiranía del demonio.
     
Con las huestes de los ángeles buenos pelea hoy los combates del Señor, como antaño luchaste contra Lucifer, corifeo de la soberbia y contra sus ángeles apóstalas. Ellos no pudieron vencer, y perdieron su lugar en el Cielo. “Fue precipitado el gran dragón, la antigua serpiente el denominado diablo y satanás, el seductor del universo: fue precipitado a la tierra y con él fueron arrojados sus ángeles” (Apoc. 12, 8-9).
   
He aquí que el antiguo enemigo y homicida se ha erguido con vehemencia. Disfrazado de “ángel de luz” (II Cor. 11, 14) con la escolta de todos los espíritus malignos rodea e invade la tierra entera, y se instala en todo lugar, con el designio de borrar allí el nombre de Dios y de su Cristo, de arrebatar las almas destinadas a la corona de la gloria eterna, de destruirlas y perderlas para siempre. Como el más inmundo torrente, el maligno dragón derramó sobre los hombres de mente depravada y corrompido corazón, el veneno de su maldad: el espíritu de la mentira, de la impiedad y de la blasfemia; el letal soplo de la lujuria, de todos los vicios e iniquidades.
     
Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más querido. Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la abominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey. Oh invencible adalid, ayuda al pueblo de Dios contra la perversidad de los espíritus que le atacan y dale la victoria.
      
La Iglesia te venera como su guardián y patrono, se gloría que eres su defensor contra los poderes nocivos terrenales e infernales; Dios te confió las almas de los redimidos para colocarlos en el estado de la suprema felicidad. Ruega al Dios de la paz que aplaste al demonio bajo nuestros pies, para que ya no pueda retener cautivos a los hombres y dañar a tu Iglesia. Ofrece nuestras oraciones al Altísimo, para que cuanto antes desciendan sobre nosotros las misericordias del Señor (Salmo 78, 8), y sujeta al dragón, la antigua serpiente, que es el diablo y Satanás, y, una vez encadenado, precipítalo en el abismo, para que nunca jamás pueda seducir a las naciones (Apoc. 20).
       
Después de esto, confiados en tu protección y patrocinio, con la sagrada autoridad de nuestro ministerio [si se es laico, o aún no se ha recibido la orden del Exorcistado, se dice: con la sagrada autoridad de la Santa Madre Iglesia], nos disponemos a rechazar la peste de los fraudes diabólicos, confiados y seguros en el Nombre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor.
     
V. He aquí la Cruz del Señor, huid poderes enemigos.
R. Ha vencido el León de la tribu de Judá, la raíz de David.
  
V. Señor, que tu misericordia venga sobre nosotros.
R. Como lo esperamos de Ti.
   
V. Señor, escucha nuestra oración.
R. Y llegue a Ti nuestro clamor.
   
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu. (Sólo si es un sacerdote, o al menos, diácono)
     
OREMOS
Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, invocamos tu santo Nombre y suplicantes imploramos tu clemencia, para que, por la intercesión de la Inmaculada siempre Virgen María Madre de Dios, del Arcángel San Miguel, de San José Esposo de la Santísima Virgen, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, te dignes prestarnos tu auxilio contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos que vagan por el mundo para dañar al género humano y para la perdición de las almas. Amén.
  
EXORCISMO 
Te exorcizamos todo espíritu maligno, poder satánico, ataque del infernal adversario, legión, concentración y secta diabólica, en el nombre y virtud de Nuestro Señor Jesucristo , para que salgas y huyas de la Iglesia de Dios, de las almas creadas a imagen de Dios y redimidas por la preciosa Sangre del Divino Cordero. En adelante no oses, perfidísima serpiente, engañar al género humano, perseguir a la Iglesia de Dios, zarandear a los elegidos y cribarlos como el trigo . Te lo manda Dios Altísimo , a quien en tu insolente soberbia aún pretendes asemejarte, “el cual quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (II Tim. 2).
     
Te lo manda Dios Padre, te lo manda Dios Hijo, te lo manda Dios Espíritu Santo. Te lo manda la majestad de Cristo, el Verbo eterno de Dios hecho hombre , quien para salvar a la estirpe perdida por tu envidia, “se humilló a sí mismo hecho obediente hasta la muerte” (Fil. 2); el cual edificó su Iglesia sobre roca firme, y reveló que los “poderes del infierno nunca prevalecerían contra ella, Él mismo había de permanecer con ella todos los días hasta el fin de los tiempos” (Mat. 28, 20).
     
Te lo manda el santo signo de la Cruz y la virtud de todos los Misterios de la fe cristiana . Te lo manda la excelsa Madre de Dios, la Virgen María , quien con su humildad desde el primer instante de su Inmaculada Concepción aplastó tu orgullosa cabeza. Te lo manda la fe de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de los demás Apóstoles. Te lo manda la sangre de los mártires y la piadosa intercesión de todos los Santos y Santas .
  
Por tanto, maldito dragón y toda legión diabólica, te conjuramos por Dios vivo, por Dios verdadero, por Dios santo, que “de tal modo amó al mundo que entregó a su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que viva la vida eterna” (Juan 3); cesa de engañar a las criaturas humanas y deja de suministrarles el veneno de la eterna perdición; deja de dañar a la Iglesia y de poner trabas a su libertad. Huye Satanás, inventor y maestro de toda falacia, enemigo de la salvación de los hombres. Retrocede ante Cristo, en quien nada has hallado semejante a tus obras. Retrocede ante la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica, la que el mismo Cristo adquirió con su Sangre. Humíllate bajo la poderosa mano de Dios. Tiembla y huye, al ser invocado por nosotros el santo y terrible Nombre de Jesús, ante el que se estremecen los infiernos, a quien están sometidas las Virtudes de los cielos, las Potestades y las Dominaciones; a quien los Querubines y Serafines alaban con incesantes voces diciendo: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los Ejércitos.
    
V. Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a Ti mi clamor.
   
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu. (Sólo si es un sacerdote, o al menos, diácono)
   
OREMOS 
Dios del Cielo y de la tierra, Dios de los Ángeles, Dios de los Arcángeles, Dios de los Patriarcas, Dios de los Profetas, Dios de los Apóstoles, Dios de los Mártires, Dios de los Confesores, Dios de las Vírgenes, Dios que tienes el poder de dar la vida después de la muerte, el descanso después del trabajo, porque no hay otro Dios fuera de Ti, ni puede haber otros sino Tú mismo, Creador de todo lo visible y lo invisible, cuyo reino no tendrá fin: humildemente te suplicamos que tu gloriosa Majestad se digne libramos eficazmente y guardamos sanos de todo poder, lazo, mentira y maldad de los espíritus infernales. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.
  
V. De las asechanzas del demonio.
R. Líbranos, Señor.
   
V. Haz que tu Iglesia te sirva con segura libertad.
R. Te rogamos, óyenos.
  
V. Dígnate humillar a los enemigos de tu Iglesia.
R. Te rogamos, óyenos.

(Se rocía con agua bendita el lugar y a los presentes).

EXORCÍSMUM IN SÁTANAM ET ÁNGELOS APOSTÁTICOS
    
In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
 
Ps. LXVII
Exsúrgat Deus, et dissipéntur inimíci ejus, et fúgiant qui odérunt eum, a fácie ejus. Sicut déficit fumus, deficiant: sicut fluit cera a fácie ignis, sic péreant peccatóres a fácie Dei.
   
Ps. XXXIV
Júdica Dómine nocéntes me; expúgna impugnántes me. Confundántur et revereántur quæréntes ánimam meam. Avertántur retrórsum et confundántur, cogitántes míhi mála. Fíant támquam púlvis ante fáciem vénti: et Ángelus Dómini coárctans eos. Fiat via illórum ténebræ, et lúbricum: et Ángelus Dómini pérsequens eos. Quóniam grátis abscondérunt míhi intéritum láquei sui: supervácue exprobravérunt ánimam meam. Véniat illi láqueus quem ignórat; et cáptio quam abscóndit, aprehéndat eum: et in láqueum cádat in ipsum. Ánima áutem mea exsultábit in Dómino: et delectábitur super salutári suo.
Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
    
PRECATIO AD SANCTUM MICHAELEM ARCHÁNGELUM
Prínceps gloriosíssime coeléstis milítiæ, sancte Michaël Archángele, defénde nos in proélio et colluctatióne, quæ nobis est advérsus príncipes et potestátes, advérsus múndi rectóres tenebrárum hárum, contra spirituália nequítiæ, in coeléstibus (Ephésios VI). Veni in auxílium hóminum; quos Deus creávit inexterminábiles, et ad imáginem similitúdinis suæ fécit, et a tyránnide diáboli emit prétio mágno (Sapiéntiæ II, I Corínthios VI) .
  
Proeliáre hódie cum beatórum Angelórum exércitu proélia Dómini, sícut pugnásti ólim contra dúcem supérbiæ Lucíferum et ángelus ejus apostáticos; et non valuérunt, neque lócus invéntus est eórum ámplius in cælo. Sed projéctus est draco ílle magnus, sérpens antíquus, qui vocátur diábolus et sátanas, qui sedúcit univérsum órbem; et projéctus est in térram, et ángeli éjus cum íllo míssi sunt (Apocalýpsi II).
   
En antíquus inimícus et homicída veheménter eréctus est. Transfigurátus in ángelum lucis, cum tota malignórum spirítuum catérva late círcuit et invádit terram, ut in ea déleat nómen Dei et Christi éjus, animásque ad ætérnæ glóriæ corónam destinátas furétur, máctet ac pérdat in sempitérnum intéritum.
   
Vírus nequítiæ suæ, támquam flúmen immundíssimum, draco maléficus transfúndit in hómines depravátos mente et corrúptos córde; spíritum mendácii, impietátis et blasphémiæ; halitúmque mortíferum luxúriæ, vitiórum ómnium et iniquitátum.
  
Ecclésiam, Ágni immaculáti spónsam, vaférrimi hóstes replevérunt amaritudínibus, inebriárunt absínthio; ad ómnia desiderabília éjus ímpias misérunt mánus. Ubi sédes beatíssimi Petri et Cáthedra veritátis ad lúcem géntium constitúta est, ibi thrónum posuérunt abominatiónis et impietátis suæ; ut percússo Pastóre, et grégem dispérdere váleant.
  
Adésto ítaquae, Dux invictíssime, pópulo Dei contra irrumpéntes spiritáles nequítias, et fac victóriam. Te custódem et patrónum sáncta venerátur Ecclésia; te gloriátur defensóre advérsus terréstrium et infernórum nefárias potestátes; tíbi trádidit Dóminus ánimas redemptórum in supérna felicitáte locándas. Deprecáre Deum pácis, ut cónterat sátanam sub pédibus nóstris, ne últra váleat captívos tenére hómines, et Ecclésiæ nocére. Óffer nóstras préces in conspéctu Altíssimi, ut cíto antícipent nos misericórdiæ Dómini, et apprehéndas dracónem serpéntem antíquum, qui est diábolus et sátanas, ac ligátum míttas in abýssum, ut non sedúcat ámplius géntes (Apocalypsi XX).
    
Hinc tuo confísi præsídio ac tutéla sacri ministérii nostri auctoritáte [si fuerit laicus, vel clericus qui órdinem exorcistátus nondum suscépit, dicat: sácra Sanctæ Matris Ecclésiæ auctoritáte], ad infestatiónes diabólicæ fráudis repelléndas in nómine Jésu Chrísti Dei et Dómini nóstri fidéntes et secúri agrédimur.
  
V. Ecce Crucem Dómini: fúgite, partes advérsæ.
R. Vícit Leo de tríbu Júda, rádix Dávid. 
     
V. Fiat misericórdia tua, Dómine, super nos.
R. Quemádmodum sperávimus in te.
  
V. Dómine, exaúdi oratiónem meam.
R. Et clámor meus ad te véniat.
  
[si fuérit saltem diáconus subjungat:
V. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spíritu tuo.]
  
ORÉMUS
Deus, et Páter Dómini nóstri Jesu Christi, invocámus nómen sánctum tuum, et cleméntiam tuam súpplices expóscimus: ut per intercessiónem immaculátæ semper Vírginis Dei Genitrícis Maríæ, beáti Michaélis Archángeli, beáti Jóseph ejúsdem beátæ Vírginis Sponsi, beatórum Apostolórum Pétri et Páuli et ómnium Sanctórum, advérsus sátanam, omnésque álios immúndos spíritus, qui ad nocéndum humáno géneri animásque perdéndas pervagántur in múndo, nóbis auxílium præstáre dignéris. Per eúmdem Chrístum Dóminum nóstrum. Amen.
  
EXORCISMUS
Exorcizámus te, ómnis immúnde spíritus, ómnis satánica potéstas, ómnis infernális adversárii, ómnis légio, ómnis congregátio et sécta diabólica, in nómine et virtúte Dómini nóstri Jésu Chrísti, eradicáre et effugáre a Dei Ecclésia, ab animábus ad imáginem Dei cónditis ac pretióso divíni Ágni sánguine redémptis . Non últra áudeas, sérpens callidíssime, decípere humánum génus, Dei Ecclésiam pérsequi, ac Dei eléctos excútere et cribráre sicut tríticum . Ímperat tíbi Deus altíssimus , cui in mágna tua supérbia te símile habéri ádhuc præsúmis; qui ómnes hómines vult sálvos fíeri, et ad agnitiónem veritátis veníre (II Timothéum II).
   
Ímperat tíbi Déus Pater ; ímperat tíbi Deus Fílius ; ímperat tíbi Déus Spíritus Sánctus . Ímperat tíbi majéstas Chrísti, ætérnum Dei Vérbum cáro factum , qui pro salúte géneris nóstri tua invídia pérditi, humiliávit semetípsum fáctus obédiens úsque ad mórtem (Philipensis II); qui Ecclésiam súam ædificávit súpra fírmam pétram, et portas ínferi advérsus eam númquam esse prævalitúras edíxit, cum ea ipse permansúrus ómnibus diébus úsque ad consummatiónem sǽculi (Mathǽum XXVIII).
  
Ímperat tíbi sacraméntum Crúcis , omniúmque christiánæ fídei Mysteriórum virtus . Ímperat tibi excélsa Dei Génitrix Virgo María , quae superbíssimum cáput tuum a prímo instánti immaculátæ suæ conceptiónis in sua humilitáte contrívit. Ímperat tíbi fídes sanctórum Apostolórum Pétri et Páuli, et ceterórum Apostolórum . Ímperat tíbi Mártyrum sánguis, ac pia Sanctórum et Sanctárum ómnium intercéssio .
     
Érgo, dráco maledícte et ómnis légio diabólica, adjurámus te per Déum vívum, per Déum vérum, per Déum sánctum, per Déum qui sic diléxit múndum, ut Fílium suum unigénitum dáret, ut ómnis qui crédit in eum non péreat, sed hábeat vítam ætérnam (Joánnes III): céssa decípere humánas creatúras, eísque ætérnæ perditiónis venénum propináre: désine Ecclésiæ nocére et éjus libertáti láqueros injícere. Váde sátana, invéntor et magíster ómnis falláciæ hóstis humánæ salútis. Da lócum Chrísto, in quo níhil invenísti de opéribus tuis; da lócum Ecclésia Uni, Sanctæ, Cathólicæ, et Apostólicæ, quam Chrístus ípse acquisívit sánguine suo. Humiliáre sub poténti mánu Dei; contremísce et éffuge, invocáto a nóbis sáncto et terríbili nominé Jésu, quem ínferi trémunt, cui Virtútes cælórum et Potestátes et Dominatiónes subjéctæ sunt, quem Chérubim et Séraphim indeféssis vócibus láudant, dicéntes: Sánctus, Sanctus, Sanctus Dóminus Déus Sábaoth.
   
V. Dómine, exaúdi oratiónem meam.
R. Et clamor meus ad te véniat.
   
[si fuerit saltem diáconus subjúngat:
V. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spíritu tuo.]
   
ORÉMUS
Deus cæli, Deus terræ, Deus Angelórum, Deus Archangelórum, Deus Patriarchárum, Deus Prophetárum, Deus Apostolórum, Deus Mártyrum, Deus Confessórum, Deus Vírginum, Deus qui potestátem habes donáre vitam post mortem, réquiem post labórem: quia non est Deus prǽter te, nec esse potest nisi tu, créator ómnium visibílium et invisibílium, cujus regni non erit finis: humíliter majestati glóriæ tuæ suplicámus, ut ab omni infernálium spirítuum potestáte, láqueo deceptióne et nequítia nos poténter liberáre, et incólumes custodíre dignéris. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.
  
V. Ab insídiis diáboli,
R. Líbera nos, Dómine.
   
V. Ut Ecclésiam tuam secúra tíbi fácias libertáte servíre,
R. Te rogámus, áudi nos.
  
V. Ut inimícos sánctæ Ecclésiæ humiliáre dignéris,
R. Te rogámus, áudi nos.
     
Et aspergátur locus aqua benedícta


 

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